POESÍA 24 BUBASTIT

BUBASTIT, PROTAGONISTA VISUAL


Luis Alfredo Ramírez le cuenta à Cristina Briceño su relación con Briceño Guerrero y la historia del mural de Bubastit, transcrita aquí tal cual, a partir de una grabación:


La relación con Briceño Guerrero comenzó muy temprano, pues tanto Domingo Miliani, esposo de mi madre, como mi padre, Luis Ramirez, que llamaban “El Flaco”, que tú conociste, eran muy amigos de tu papá. Mi mamá lo conoció en el Pedagógico, ella era lingüista y profesora de literatura, convencida.

Recuerdo la primera vez que Domingo trajo a tu papá a la casa, fue una bella sorpresa, le mostré todos mis dibujos, le gustaron y me recomendó que leyera un cuento llamado “La Divina Comedia” y desde ahí empezamos a establecer una amistad a distancia. Luego lo veía de vez en cuando en mi casa a la que llegaban todos los escritores, pues Domingo se ocupaba de crítica literaria

En esa época yo era un adolescente, de esos bien adolescentes, dolientes, que les dolía todo y yo le dolía a mis padres. Era terrible, pero resolví dibujando mucho. Era un poco histriónico, mandaba a hacer trajes con un sastre italiano de un lugar de Caracas, muy baratos pero muy bellos y los usaba solamente para disfrazarme, tenía varios temas, todos muy góticos, me maquillaba y salía a pasear así con mi novia de noche, por los campos de golf de Caracas bajo la luz de la luna. El hecho es que de ese mundo salgo disparado a los 21 años a Milano, Italia, a estudiar a la academia de Bellas Artes. Paso seis años en Italia completamente solo haciendo mis estudios y terminando con mi adolescencia para comenzar con mi vida. Fui alumno de un gran maestro abstracto veneciano, que no entendía que yo fuera figurativo y tan pendiente de las muchachas, me llamaba “el pícolo monstruo”. Tenía una beca Fundayacucho de 200$ que me alcanzaba hasta el día diez y luego debía inventar.

Cuando se termina toda la experiencia en Venecia me voy a vivir a Sicilia seis meses.

Cuando regreso a Venezuela mi madre me regala simbólicamente un objeto que le habían traído del Portugal desde hacía muchos años: un gato blanco, sentado, que me fascinaba de niño. Y empecé a dibujarlo en todas las posiciones, como un ejercicio, pues no sabía lo que quería lograr. Ese gato estaba muy presente y se convirtió en una forma física de reflexión al final. De ahí me trasladé a Mérida y empecé a dar clases en la facultad de Arquitectura y Arte. Ponía el gato como modelo y empecé a elaborar toda una historia entorno a ese gato del año 85 al año 86, se la mostré a tu padre pidiéndole un texto para una exposición en la que estaría toda esta reflexión en torno a los gatos. La exposición se llamaría “Un cielo diverso para cada símil”. Era una frase inspirada en Michel Foucault y el significado de las palabras. Me contestó que con mucho gusto y le llevé toda la producción a su casa. Le dejé todos los cuadros. Parecía que la exposición era en la biblioteca. “déjemelos aquí esta noche, los voy a mirar y a elaborar un texto” y me escribió ese fabuloso poema llamado “Bubastit, la ciudad de la Diosa-Gata”. Maravilloso poema, era como un contrapunto, una canción, una poesía, un juego con la palabra, pero que va dando una visión de un lugar, físicamente es como un zigurat, pero al revés, parece como una ciudad que se va desarrollando hacia el cetro de la tierra, una situación de espiral, asociada con los puertos, con el mar. Ahí tuvimos una simbiosis porque yo acababa de vivir en Venecia. Tenía muy presente todas esas orillas de piedra a la que llegaban los barcos.

Le pedí que por favor me lo escribiera a mano de dos formas, una normal y otra en espiral para incluirlo en el catálogo de la exposición, que se hizo en una galería del centro comercial Las Tapias, que por cierto coincidió con el festival de cine de ese año. A la exposición llegó Juan Liscano, que se consiguió con tu papá y tuvieron una gran conversación, que recuerdo fotográficamente. Tu papá en esa época era un flaco de pelo largo, gris, con una barba larga, una pipa en la mano, vestido con unos trajes elegantísimos, sin corbata, a veces con una bufanda. Era un hombre completamente desfasado del momento, del tiempo, imponía una moda. Muchos de sus discípulos, alumnos, se visten aún como se vestía él en esa época. Él no era un conde, era un varón, con una personalidad seductora. Había un cuadro que se llamaba La casa de Edgar Allan, a él le gustaba ese nombre y lo incluyó en el poema. Obviamente estamos hablando de mi gótico favorito, porque escribe como un dios y tenía un talento monstruoso. A mí siempre me ha impulsado como un motor la historia gótica, definitivamente, los vampiros, el vampirismo…

El poema era tan denso y tan bello. Poco tiempo después surgió la oportunidad de hacer un mural en una pared muy vasta, muy grande. Yo venía de Italia, de haber visto frescos, obras magníficas y de haber escuchado múltiples veces a mi maestro decirme que la gran obra de los latinoamericanos es el muralismo. Entonces cuando me dijeron que había la oportunidad de hacer un gran mural en la Avenida Tulio Febres Cordero, al lado del edificio administrativo, yo peleé por eso y lo gané. Reduje mucho los costos para hacerlo con pinturas de las más baratas, para pintar casas. Dibujé todo el mural con tacos cortados de cauchos de camiones, era como dibujar a lápiz en la pared. Tuve que pelearme con un grupo revolucionario chileno que cuando limpiaron la pared para ponerla blanca pintaron ellos un mural de propaganda política. Se llamaban grupo Violeta Parra. Lo tuve que mandar a borrar y empezaron los líos. Pero yo tenía el proyecto y el permiso. Los fui a ver y resolvimos el problema.

Ese mural lo hice basándome en las imágenes que me produjo el poema. Era un muchacho de 27 años y era una pelota de hormonas. Hacer ese mural fue como una alucinación. Al terminar el mural puse los créditos, “ejecutado por…”, “ayudantes…”, “pagado por…”, todo esto en base al poema Bubastit de Jonuel Brigue. Me gustaba verlo en esa dimensión del escritor.

Me gusta pensar y decir con mucho orgullo que ese poema él lo escribió para mi exposición, viendo mis cuadros. Para mí él siempre ha sido “un grande” y que haya escrito eso para mí me enalteció y me dio mucha fuerza para seguir mi trabajo.

Todo el mundo lo llamaba “el Viejo” pero yo nunca lo vi viejo, sino más bien joven, como una especie de John Lennon, siempre lo vi asociado a figuras de luz y de música.

El mural fue asociado a los “satánicos” que se suponía andaban por ahí, comiendo gatos y haciendo sacrificios humanos. Triste período de oscurantismo de la historia de Mérida.


Para acceder al poema abrir el pdf :

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Aquí les va una presentación de Alfredo Ramírez, que pueden conseguir también en su página : https://www.alfredoramirezart.com/


“Sus obras se expresan desde una doble premisa: pulsión de vida y lo inerte. Alfredo Ramírez construye con materiales y técnicas tradicionales utilizando el canon de proporciones. Ramirez utiliza componentes metálicos como hierro, acero, aluminio, cobre, bronce, madera, vidrio, grafito. Empleando mecanismos de baja y alta tecnología, da vida a materiales inertes, empleando transformadores de alta tensión, congeladores, sistemas neumáticos y mecánicos de robótica industrial, fotografía y pigmento fotosensible. Ramírez está vinculado a prácticas y estilos latinoamericanos que se extendieron desde Venezuela a Nueva York, así como al Body Art y los lenguajes europeos de la Bauhaus, el estructuralismo, el suprematismo y el arte povera italiano.

Ramírez ha estado principalmente motivado por la literatura, de la que exhibe sus orígenes.

Actualmente, reside en Milán, Italia.”


Para ver su producción actual:

Instagram: @alfredoramirezart

www.alfredoramirezart.com



La Constelación del gato, 1895 - 150x130 - Óleo/tela

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