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CONVERSACIONES SOBRE LA CUARESMA 1


Cristina Briceño – Antonio Gámez


“Estoy muerto de hambre” expresión muy interesante, pues induce la idea de que “si no como, me muero”. Claro que si no se consumen alimentos durante muchas semanas habrá debilitamiento. Pero no por ayunar un día. Quizás sea lo primero que se deba superar al empezar una cuaresma: el miedo a la muerte. Veamos.


La historia de nuestro cuerpo es una cuestión de muerte y resurrección.

En efecto, las células se renuevan periódicamente. Algunos órganos necesitan más tiempo que otros, pero todos se renuevan completamente después de un cierto período.


Ajá, ¿y qué pasa con las células muertas? ¿Para dónde van?

Pues resulta que el cuerpo las recicla.


El bioquímico Christian de Duve, belga, descubrió en 1960 un fenómeno llamado “autofagia” (comerse a uno mismo), lo que le permitió recibir el premio nobel de fisiología en 1974.

Explicación: estudiando los tejidos hepáticos, de Duve descubrió que las células tienen compartimientos de “reciclaje”. Se les dio el nombre de “lisosomas”. Son como estómagos de las células, con enzimas digestivas que consumen los tejidos muertos, bacterias, virus, partículas de alimentos y otros desperdicios. Es lo que se llama “autofagia”. Luego reciclan esos desechos en energía y células nuevas. Es decir que nuestro cuerpo es capaz de transformarlos en proteínas. Pero si ya se consumen proteínas, el cuerpo no necesita solicitar las reservas.

La pregunta es: ¿necesitamos realmente consumir proteínas animales para fabricar nuevas células? Pues justamente, los trabajos de investigación muestran que una persona que no consume productos animales tiene la misma cantidad de proteínas y de glúcidos, que la que sí consume.

Pero lo que me parece realmente interesante es que si uno ayuna, el cuerpo lo resiente como estrés y se moviliza para buscar lo que necesita, entonces va a solicitar los compartimientos de “reciclaje” de las células para extraer lo necesario. Esta actividad permite no solamente regenerarse, sino también activar el sistema inmunológico, pues lo pone a trabajar.

El biólogo japonés Yoshimori Ohsumi recibió el premio Nobel de medicina en 2016 por haber estudiado este proceso. Sus trabajos se realizaron principalmente sobre el ayuno de 24 horas. Demostró que entonces el cuerpo está obligado a trabajar con más intensidad para compensar. Para eso, va a reciclar las bacterias y los desechos en general de la reserva, para fabricar nuevas células y producir más energía. También comprobó que en período de ayuno, las células viven más tiempo, producen más energía y disminuyen las inflamaciones.

Si además se disminuye el consumo de calorías, los niveles de óxido nítrico aumentan. Esta última molécula es la que permite desintoxicar todo el cuerpo.

Disminuye el riesgo de enfermedades cardiacas, de diabetes y de problemas neurológicos.

Un solo día de ayuno es suficiente para iniciar el proceso de limpieza del cuerpo.

Los vegetarianos no sufren de falta de proteínas, como se podría pensar, sino que las consiguen de otra manera, por lo que acabamos de explicar.

Lo que el biólogo japonés demostró es que, si el aporte de proteínas proviene de la carne, de los quesos, de la leche, etc, el cuerpo no tiene motivación alguna para reciclar las proteínas de las células muertas, que se van acumulando, pues el proceso de autofagia no se realiza correctamente. El cuerpo se intoxica solo.


Fuentes, hay muchas en internet sobre estos dos científicos.




En realidad, desde tiempos antiguos se conocían las ventajas del ayuno, aunque no se explicaran de esta manera.

También nos podemos preguntar: ¿y que relación con la parte espiritual del ser humano?


Nos proponemos una vez por semana, en este período de cuaresma, dar una vuelta por los pueblos de la Antigüedad para investigar cómo concebían tipos de cuaresma y de ayuno y cómo lo relacionaban con la espiritualidad.


El famosísimo Chef Antonio Gámez nos regalará cada vez una receta “cuarismática” y un cuentico. Le dejo la palabra:


Cocina de cuaresma


Me pidió Cristina amablemente que la ayudara a publicar algunas recetas para poder elaborar en cuaresma. Pedí que me repitieran los parámetros porque recuerdo que el profesor quizá cambiaba uno que otro dependiendo de quién le preguntara. Siento que era de esas cosas suyas juguetonas, que siempre me dieron mucha risa cuando las advertía. Así que si por casualidad encuentran alguna técnica o ingrediente que no sea permitido por los parámetros que a alguno les dio por favor háganmelo saber, así buscamos substitutos o hacemos los cambios necesarios.


SOPA DE AUYAMA CARISMÁTICA A MI MANERA

Ingredientes

500gr auyama preferiblemente de la larga, bien madura y amarilla

1,5 litros de agua

10 gr Tomillo fresco ( si sus parámetros lo permiten)

1 hoja de laurel (mismo caso que el anterior)

120 gr papas peladas

1 C de aceite de oliva

1 ramita de cilantro con la raíz aparte bien lavada

Opcional:

Casabe vuelto polvo o trocitos de casabe tostado

1 mandarina jugosa y la ralladura de su piel


Preparación

Pelar la auyama, poner en un molde poner un poco de tomillo y aceite. Llevar al horno a 190 C por 40 min o hasta que este blanda.

Poner una olla con agua, laurel, tomillo y la raíz de cilantro, sólo la raíz; a hervir. Colocar las papas cuando estén blandas, apagar.

Licuar la auyama, con un poco del agua de cocción de las papas, cuidando de no licuar ni el laurel ni el tomillo ni la raíz de cilantro. Licuar también las papas, poniendo poca agua pero licuando muy bien, debe quedar cremosa y muy amarilla. Si se les permite pondría en el licuado un punto de cúrcuma molida o en la cocción unos 10 gramos de Cúrcuma pelada entera y fresca. Para la cocina aryuveda este rizoma ayuda a dar energía a las células directamente, cosa bastante útil en los tiempos de cuaresma.

Servir caliente con un poco de cilantro picado y un poco de aceite de oliva.

Otro truco es infusionar la raíz y un poco de las hojas del cilantro en aceite de oliva a unos 40 C por 5 minutos, dejar enfriar, colar y así obtener un aceite aromatizado con cilantro. Pudiera usarse un aceite común de buena calidad, que es más económico que el de oliva.

Podrías espolvorear la crema de auyama con polvo de casabe o trocitos de casabe tostados, eso le dará textura y un juego de sabores.

Variante: al final de calentar la crema incorporar el jugo exprimido y colado de una mandarina y ralladura de la misma. Esto le dará un cariz diferente y bien interesante.

Recuerdo al profesor degustando una crema de auyama, tan sencilla. Comiéndosela con gusto, con esa manera tan particular que tenía de comer, así sabroso. Concentrado en el plato, me hablaba y comentaba lo rico que es comer, sin mirarme. Ese comer tan particular que tenía el profesor nos unió en la cocina, en la mesa y en el corazón. Porque comer con alguien no es sólo compartir el pan, comer con alguien es hacerlo partícipe de una conexión con el alma. Comer es un acto sagrado.


IMAGEN

Artista avanguardista japonesa Yayoi Kosuma, 1950



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