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EL SAGRADO TERROR DE LA LIBERTAD

El pintor merideño Wladimir Guerrero logra exponer en la Galería de Arte Nacional en Caracas. He aquí una entrevista preparada por Adriana Rodríguez.


Caracas es una vorágine, una marea que sin aviso te sumerge en un ritmo infinito de posibilidades. Cuadré verme en la Galería de Arte Nacional con Félix Gerardi, -el rockstar de los fractales, como le llamo- para hacerle una entrevista, de estas a las que ahora me dedico por vocación de soñadora, pues alguien tiene que darse a la tarea de mostrar el quehacer profundo de nuestra gente en este país, que a veces pasa desapercibido al ojo atareado, agotado por los vaivenes de la cotidianidad. Resulta que cuando entro en la GAN, Félix, con su jocosidad característica, me dice: “Allá arriba está exponiendo un merideño, un gocho de los tuyos. Sube y agárralo que yo te espero. Tú y yo hablamos después”. Le hice caso y subí. Me desvié un poco, pues primero me tropecé con una muestra de la maravilla plástica que es Oswaldo Vigas, que siempre nutre lo más íntimo de lo propio. Allí anduve un rato vagando en pensamientos y visiones, sin poder advertir que a unos pasos, se encontraba expuesta, una gran propuesta visual de singular y compleja policromía penetrante, diversa y al instante categórica, que habría de irrumpir ante mí. Quedé perpleja.

Con un nombre fulminante, “El sagrado terror de la libertad”, y con aforismos de Víctor Guédez -que según el artista- bien funcionan con la obra, Wladimir Guerrero Hernández toma la Galería de Arte Nacional. Confieso que no tenía idea de quién era. No sabía a quién estaba buscando. Me dispuse a nadar en este océano de colores y formas, y tal sería la delicia que manifestaban mis gestos por aquello que gratamente admiraba, que una figura masculina con voz amable, se acercó a mí para saludar. Resultó ser el propio Wladimir Guerrero. Se presentó, sencillo y accesible. Yo, no perdí instante para agradecerle por tan maravilloso trabajo, porque siempre hay que agradecerle a los artistas por su labor sacrificada y noble ¿Qué sería de los hombres sin el arte? Me da pavor imaginarlo. Hablamos de lugares comunes de encuentro en Mérida, “Las cibeles”; de personajes, Briceño Guerrero, y de a poco ya nos sentíamos parte de un mismo universo.

Aproveché para pedirle que me concediera una entrevista que habría de ser espontánea, porque de nuevo, como suele sucederme en Caracas, había llegado de paracaídas y desconocía, muy a mi vergüenza, su trayectoria. Se lo hice saber. Sonriente, lo que le importaba era que ahora estuviese allí y pudiera entonces, apreciarla. Prendí la grabadora y la tertulia tomó su curso mágico.

Adriana ¿Cómo te defines?

Wladimir: Me defino básicamente como pintor, aunque también trabajé como investigador en el Museo Juan Astorga Anta de Mérida.

Adriana: ¿Qué es para ti la pintura?

Wladimir: ¡Oh! Un gran amor. Es uno de los placeres y de los goces más extraordinarios que la vida me ha dado a conocer. Es un acto de fraternidad y de comunión con los demás desde la soledad ¿si? Bueno, es una pregunta difícil. En tan poco tiempo es difícil responder. Me tomas por sorpresa.

Adriana: ¿Por qué pintas?

Wladimir: ¿Por qué pinto? Es un acto de fe. Cruz Diez me decía que “para crear hay que creer”. He dejado de pintar por momentos, pero he preferido eso a prostituir la obra ¿no? Porque algunas veces se convierte en un hecho mecánico y yo no comulgo con eso. Entiendo el arte como un riesgo, una ruptura. Yo pinto cuando mi fe está viva, cuando está ardiendo. Esta exposición es un acto de fe, total y absolutamente.

Adriana: ¿Cómo llegas a la pintura?

Wladimir: Bueno, cuando niño, en mi casa había un cuadro de “La Mona Lisa” e intuitivamente, pensé siempre que la ciencia y el arte eran el centro de la condición humana, lo más elevado del espíritu humano ¿no? Entonces, luego comencé a vender los cuadros del maestro pintor, Germán Febres Cordero Salas, nieto de Don Tulio Febres; tú que eres merideña, debes saber. Porque lo admiraba y lo sigo admirando como creador. Eso fue a los 19 años. Vendía muchísimo porque me era fácil argumentar y vender. Y luego, ya a los 21 años, decidí alejarme para hacer mi obra e inauguré “Misterios”, en Mérida, que fue mi primera individual.

Adriana: ¿Cuántas exposiciones has hecho?

Wladimir: Esta es la décimo primera, pero la primera en Caracas. Y es importante que mi primera exposición en Caracas haya sido en la Galería de Arte Nacional. Porque me costó mucho, siendo de Mérida, hacer la exposición en Caracas. Y ver mis telas expuestas en lo que siempre ha sido para mí, la magna casa de las artes en Venezuela, confieso me tiene contento. Sin duda.

Adriana: ¿Cuál es el concepto de “ El sagrado terror de la libertad”?

Wladimir: Como dije en la inauguración, la libertad tiene muchas lecturas. Nietzsche decía, “No me digas libre de qué, que has escapado a un yugo. Simplemente, libre para qué”. Y bueno, yo aspiro al proceso de la libertad para crear.

Adriana: Pero, ¿le tienes miedo a la libertad?

Wladimir: ¡oh! Le he tenido miedo. Por eso también conozco la cobardía. La libertad la ejerzo cuando pinto. Plenamente. El texto principal de la obra, es un extracto del texto de “La lucha con el demonio” de Stefan Zweig, escritor alemán. Lo usé en una exposición en Tovar, que se llamó “Demoníaco”, porque es un tratado sobre una honda comprensión de la naturaleza del espíritu creador. Sólo los espíritus creadores, logran trasladar esa lucha demoníaca, que todos tenemos, esa inquietud esencial innata -como él dice- a la luz del día. Es triunfar del infierno, para elevarnos de una condición inferior y vulgar hacia lo propiamente humano.

Adriana: ¿Tu búsqueda es lo humano?

Wladimir: Sí. Por que sé bien que no somos plenamente humanos. “El hombre” es a lo que aspiramos alcanzar. El arte es la que contiene en sí, el verdadero conocimiento del ser.

Adriana: ¿Han habido etapas en tu proceso creador?

Wladimir: Yo comienzo con “Misterios”. Aunque el tiempo en el arte goza de un privilegio del cual que no goza la historia. Aunque tengo obras que son re-interpretación de mis primeros cuadros. Y yo quise en esta exposición, que hubiese un recorrido de esas diferentes etapas. Por ejemplo, “Voluntad de poder” tiene más que ver con “Demoníaco”, en donde era un joven radical. Debía serlo para construir un discurso, que tuviera fuerza. Luego de eso, hube de refrescarme con los colores, como en aquella “Piedad”. El concepto que orienta la exposición es la alegría del juego cromático. Y ahora tengo obras, que mira, puedo realizar con toda espontaneidad. Sin límites. Con la alegría de vivir.

Adriana: ¿Qué intereses tiene además de la pintura?

Wladimir: La lectura. La reflexión estética, y ahora, aprovechando las visitas guiadas y los conversatorios, asumo un compromiso con la docencia. Ya voy a cumplir 49 años y mi vocación e interés es hacia los jóvenes. Como Hermann Hesse. Sus obras están dedicadas a los jóvenes. El amaba a la juventud y se deja ver en sus obras. Yo tengo especial interés en los jóvenes, muchas veces desorientados en su actitud personal. Así estuve yo. Y en el arte no se puede estar desorientado, ni dudar. Una vez en marcha, es preciso llegar o perecer. Dudar es volverse loco. Detenerse es precipitarse por abismos, más horrendos que los de la locura o de la muerte. Es peligroso. En esto hay que tener probidad. Ser determinado. Yo he tenido suerte, porque me he detenido y he retrocedido.

Adriana: Finalmente y para no ocupar más de tu tiempo,¿a través de qué medios las personas pueden acercarse a tu trabajo?

Wladimir: Lo pueden hacer a través de: Wladimir Guerrero en Facebook; y el Instagram es @wladguerroh.

La sensibilidad que transmite este artista sólo puede surgir de un genio dedicado de entero a una visión construida a pulso. Como anécdota final, antes de despedirnos, me contó que siendo un muchacho de 23 años, se encerró en su taller por tres meses para sólo leer a Nietzsche, pintar, comer y dormir. No más. Al cuestionarse qué hacer luego de ese período de intensidad, se le ocurrió una travesura. Entonces se acercó al espacio donde José Manuel Briceño Guerrero dictaba sus seminarios en Mérida, y le dijo que iba de parte de Cruz Diez, a quien para el momento tampoco conocía, para invitarlo a un coloquio cruzado con este artista. Claramente captó el interés de Briceño Guerrero, quien aceptó. De modo que hizo lo mismo con Cruz Diez. Ambos aceptaron y así fue como se pudo llevar a cabo el primer coloquio cruzado en el Museo Juan Astorga Anta en el año 97.

Ya cuando me despedía, me pidió que tomara algunas fotos de la exposición, y las enviara junto a la grabación de la entrevista a un número que me dictó, y que pensé era el suyo. Al rato, recibo una serie de llamadas telefónicas, ya cuando andaba conversando alegre por La Candelaria con Félix Gerardi. Al teléfono, una mujer con marcado acento andino, me saludó. Era la familia de Wladimir, quienes desde Mérida, estaban expectantes y atentos a la inauguración. Wladimir no tenía un teléfono inteligente pero quería enviarles de alguna forma, parte de la puesta en escena de este esfuerzo creador. Una pequeña muestra de su enorme humildad y sencillez.

Me fui de la Galería de Arte Nacional, con la sensación de haber tenido la fortuna de conversar con un artista tremendamente valioso y humano. Siempre sonriente y ecuánime, y asimismo, con la misión de difundir esta conversación amena y profunda. Mil gracias a Félix por esta maravillosa coincidencia, y mil gracias a Wladimir Guerrero por tan cálida receptividad y animosidad. Felicidades.


@adrianarodriguez496

@wladguerreroh


Exposición de Wladimir Guerrero en la GAN

Abril 2023





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