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JONUEL BRIGUE EN TRUJILLO

JONUEL BRIGUE EN TRUJILLO: “descubrir lo que nosotros mismos somos”

JONUEL BRIGUE IN TRUJILLO: ,,entdecken, was wir selbst sind“

Jonuel Brigue in Trujillo: “discovering what we ourselves are”


Dr. Jesús Rafael Briceño Briceño[1].

Enero, 2026.

Trujillo, Venezuela.

La mudanza del encanto

Salvador Valero 1957

RESUMEN


Arte, Literatura y Pensamiento. Tres palabras que circundan la obra de Jonuel Brigue (José Manuel Briceño Guerrero). En estas páginas, se recoge una conferencia inédita ofrecida por el Maestro en una visita realizada a la ciudad de Trujillo -en mayo de 2013- con ocasión de celebrarse la XI Bienal de Arte Popular “Salvador Valero”; él estuvo allí como miembro invitado del Jurado y tuvo la oportunidad de presentar dos de sus libros: “3x1=4. Retratos” y “Dios es mi laberinto”, en los espacios de la Maestría en Literatura Latinoamericana de la Universidad de Los Andes. ¿Preexiste el arte antes de ser catalogado como tal? ¿Qué expresa el arte y cuál es su relación con la literatura? Estas y otras interrogantes emergen, como una especie de desafío, en la conferencia antes de presentar sus libros –el último de los cuales recién salía de imprenta-.

Palabras clave: Arte, Literatura, Pensamiento.

DAS ABSTRAKT

Kunst, Literatur und Denken. Drei Wörter, die das Werk von Jonuel Brigue (José Manuel Briceño Guerrero) umfassen. Diese Seiten präsentieren einen unveröffentlichten Vortrag, den der Meister während eines Besuchs in der Stadt Trujillo im Mai 2013 anlässlich der XI. ,,Biennale für Volkskunst Salvador Valero“ hielt. Er nahm als geladenes Jurymitglied teil und hatte die Gelegeheit, zwei seiner Bücher, 3x1=4. Retratos und Dios es mi Laberinto, im Rahmen des Masterstudiengangs für Lateinamerikanische Literatur an der Universidad de Los Andes vorzustellen. Existiert kunst bereits, bevor sie als solche kategorisiert wird? Was drückt Kunst aus, und in welcher Beziehung steht sie zur Literatur? Diese und andere Fragen tauchen als eine Form der Herausforderung in der Vortrag auf, der der Präesentation seiner Bücher vorausging -letzteres war zu diesen Zeitpunkt frisch aus dem Druck erschienen-.

Schlüsselwörter: Kunst, Literatur, Denken.


ABSTRACT

Art, Literature, and Thought. Three words that encompass the work of Jonuel Brigue (José Manuel Briceño Guerrero). These pages present an unpublished lecture delivered by the Master during a visit to the city of Trujillo in May 2013, on the occasion of the XI “Salvador Valero” Biennial of Popular Art. He attended as an invited member of the Jury and had the opportunity to present two of his books, 3x1=4. Retratos and Dios es mi Laberinto, within the framework of the Master’s Program in Latin American Literature at the Universidad de Los Andes. Does art pre-exist before being categorized as such? What does art express, and what is its relationship with literature? These an others questions emerge, as a form of challenge, in the lecture preceding the presentation of his books -the latter of which had just been released from the press-.

Keywords: Art, Literature, Thought.


1.     Trujillo, 11 de mayo de 2013, sábado por la mañana. Maestría en Literatura Latinoamericana, Salón “Domingo Miliani”, Casa de Carmona, Universidad de Los Andes, Núcleo “Rafael Rangel”, Trujillo-Venezuela.


“Bueno, Buenos Días, me complace estar aquí porque estoy entre amigos; siempre es agradable, porque he visto otra vez a mi querido amigo y estimado, intelectual, Villegas Villegas. Y también aquí, Jesús Rafael, que considero un hombre que se ha distinguido como estudiante y profesor de Filosofía; y me encontré, para mi gran alegría, con el poeta Julio Borromé, que está aquí presente, por cierto. Y aprovecho la ocasión para expresarle mi complacencia de verlo por aquí. Este, cuando él era estudiante, yo vi un trabajo hecho por alguien, parecía bien redactado, y yo pregunté: ¿quién redactó eso? No, es de un muchacho; pero búsquelo, quisiera conocerlo, puede ser que no fuera él quien escribió eso. Entonces, lo localizaron por allá y lo trajeron, entonces yo hablé con él un rato; y me di cuenta que era hombre de centrada inteligencia y de un pensamiento muy claro, desde ese entonces he tenido buenas relaciones con él. Eso fue hace años, tenía pelo, ahora está calvo; ahora tiene en la cabeza una cachucha como la mía, ¿está funcionando esto? (golpes al micrófono).

Bueno, eh, pero, sin embargo, a pesar de que estoy aquí para presentar estos dos libros, yo estoy terriblemente impactado por la XI Bienal de Arte Popular. Yo, francamente, debo decir que me ha hecho, a pesar de que yo he visto bienales anteriores esta vez, no sé, he estado más cerca, he sido más capaz de ver lo que se está haciendo ahí; y, eh, tiene un gran impacto sobre mí por su, eh, abundancia de manifestaciones, por la presencia enorme de una creatividad del pueblo venezolano. Y también porque haya, por fin, una especie de aceptación y apoyo de esa creatividad. Esa creatividad popular existiría sin apoyo, y ha existido -por siglos- sin apoyo; eso es lo central de la condición humana, que es la posibilidad de hacer arte, está por encima de cualquier otra actividad. Y se produce, entre nosotros, por el lado, eh -considero yo- por el lado del pueblo; quizás como yo he estudiado esto del pueblo, más sencillo, del campesino, especialmente del campesino analfabeta.

Pero nosotros tenemos una herencia, eh, compleja, heterogénea; nosotros pertenecemos a la cultura occidental, sin duda alguna. Hablamos español, que es una lengua occidental, indoeuropea; también, eh, las costumbres que hay, la religión, que viene del mundo occidental. Pero hay un trasfondo indígena, enorme, terrible, tremendo, que no ha sido debidamente sentido, excepto por antropólogos, pero que no ha llegado a ser percibido -como debe ser- por cada quien dentro de sí mismo, que sienta lo indígena, eso que está presente fuertemente. Por otra parte, la presencia de África entre nosotros es inmensa, profunda; eh, es necesario estar ciego, emocionalmente, para no darse cuenta de la presencia enorme de África en Latinoamérica.

Entonces, esa heterogeneidad de origen y, además, de elementos contradictorios en el curso de la historia; experiencias traumáticas, dolorosas, fuertes, terribles, crueles. Todo eso está presente en nosotros, de manera directa, de manera indirecta; y entonces, lo que se impone es que pudiera haber una cultura nueva, que fuera la cultura de Latinoamérica, que pudiera recibir todas esas cosas sin incluir ninguna. Esa cosa de que hay que incluir a los negros, a los indios, eso también -a veces- de que es el pueblo europeo y nosotros, y fuera una cultura nueva, que es la que nos corresponde hacer; que fuera nuestra cultura Latinoamericana, que incluyera a todos los elementos presentes en nosotros, antiguos y modernos, también resultado de nuestra historia independiente y que llegara a una manifestación plena.             

            Y eso, en mí, de acuerdo con mi observación, eso no lo estamos haciendo los universitarios. Los universitarios estamos dominados, por un lado de nuestra presencia cultural, es por el lado europeo; tenemos conciencia europea, costumbre europea, nuestros puntos de referencia son de Europa y, también digamos, de Estados Unidos en la medida que también es una prolongación de Europa, con características propias. Y, luego, en cambio, los campesinos tienen la presencia completa de Europa, en ellos; incluyendo, por ejemplo, en ello, su música, usan guitarra, cuatro, eso es de origen europeo. Hablan la lengua española, los poemas que hacen son octosílabos, que es una herencia de España; y, al mismo tiempo, tocan maracas, que son de origen indígena, y tienen tradiciones vitales, sutiles de las lenguas indígenas, manifestadas no precisamente en su vocabulario sino en inflexiones de voz, en sensibilidad de la poesía.

            Y, por otra parte, cómo negar la presencia de África en los tambores que se presentan, la diferencia de tipo, aunque no sean tambores africanos pero son de origen africano. Esa multiplicidad de influencias que nosotros, académicamente, no hemos logrado eso; algunos antropólogos lo han observado, pero que se convierta en síntesis cultural no excluyente. Y, sin embargo, hay un juego que no implica que uno es cultura o mezcla, una raíz que es, un contenido nuestro que excluya a los otros o trate de aminorarlos; eso, no se ha dado en la tradición académica. Uno trata de parecerse a Francia, parecerse a Inglaterra, a Estados Unidos, a Italia, a España; en cambio, en el nivel de los campesinos, está presente todo eso y, son ellos, quienes han comenzado a hacer eso.

            Y yo he visto, yo sé muy bien por mis estudios, por mi meditación, por mi experiencia de pensamiento que el arte es la actividad más fundamental del ser humano; la actividad que es más característica de él, las demás actividades -por más admirables que sean- son compartidas con otros seres de la naturaleza. Mientras que, la creación artística, es propia del ser humano; de modo que esa creación artística, en el caso de los campesinos, está -en el pueblo general de Venezuela- está alimentada por todas esas tradiciones, por todas esas contradicciones heterogéneas, pero está integrándose en una nueva concepción. Y eso, la única gente que ha visto eso, que ha tratado de que eso sea visto, que lo ha recibido, una recepción -veo yo- que desde el punto de vista institucional es esa Bienal de Arte Popular que se hace en Trujillo.

Quizás la actividad más importante de Trujillo sea ésta, es posible que sea superior quizás desde el punto de vista de lo humano, lo universal y profundo, eh, superior a cualquier otra; aunque las otras sean dignas de alabanza y eso. Eso de que hayan apoyado, que hayan tenido una receptividad para el arte popular, sin exclusión; y, yo me estuve viendo, también, el inmenso trabajo que ha significado esta XI Bienal. Yo en realidad había visitado antes, también, las veces que había estado en Trujillo, pero no había estado tan cerca como para ver el trabajo enorme que eso significa; yo creo que ahí se comprometieron más de 100 personas en eso, y debe ser de día y de noche porque cómo se hace para recibir la inmensa cantidad de cuadros.

Tuvieron que disminuir, me explicó anoche Villegas Villegas, que hubo que aceptar un solo cuadro de cada uno de los pintores, o sea que aquí hay una enorme pujanza creativa, ¿ah?, por el lado de...; y ese es, justamente, el lado más nuestro, el lado más verdadero, el más futuro, porque es por ahí por donde viene la integración de nuestras contradicciones interiores y la posibilidad de una cultura nuestra, verdadera, que sea, que de frutos de otro tipo que no sean esos que producen exclusión.  Y que los capacite para hablar bien a tiempo con cualquiera otra cultura humana, y acercarnos a una cultura universal que ocurra, de la cual habría que pensar; una cultura en la que quepa el hombre entero y que pudiéramos presentarnos como terrícolas ante una civilización extraterrestre, usando eso como metáfora, ¿no?

Pues sí, eh, eh, como ven ustedes, en vez de estar hablando de los libros estoy hablando de eso, es por la enorme impresión que tuve y sigo teniendo; además, dicen que aquí, que en Venezuela, “la gente no sabe trabajar”, que “el venezolano es un flojo”. Pero yo creo que el flojo no hubiera podido hacer esa organización, es muy difícil. ¿Ustedes no han visitado la exposición? ¿Ah? ¿No han visitado la exposición? Hay que tener tiempo, si a Usted lo ponen a organizar, a cualquiera, a mí también, a organizar un solo de esos pisos, es un problemón; haría falta semanas enteras para ver cómo se abre y ver en qué punto se pone, y luego esa cosa que bidimensionales y tridimensionales. ¡Ah, y las fotografías! Las clasificaciones, y después decidir a quién se le va a dar el premio, la cosa más horrible que hay; yo nunca he podido hacer eso, imagínese: ¿y a quién le va a dar Usted ese premio? A mí me gustaron cincuenta, me gustaría que fueran todos, yo no podría decidir; ya eso es un acto de grandísimo valor, que tiene que cómo hacen, pero son pocos los premios en comparación con la cantidad. Pero, fíjense la cantidad de aspirantes.

Otra cosa que yo he observado, observen Ustedes eso, Ustedes abren un concurso de poesía, en cualquier lugar de Venezuela, y aparecen 50 poetas. ¿Qué es eso? Por eso tengo yo razón cuando digo que el futuro de nosotros es, la salida de nosotros hacia el futuro, está es en el Arte; no está en la sociología, no está en la economía política, en las demás actividades. Yo no desprecio nada de eso, pero la verdadera salida está por el lado de la creatividad; de la posibilidad de integrarnos, creativamente, de tal manera que las obras que hagamos sean realmente expresión de la totalidad nuestra. Unificada, sintetizada, configurada en un todo vivo y fuerte, y que -de esta manera- podamos enfrentarnos a nosotros mismos, eh, con amplitud, y a las demás culturas de la tierra; y no estar uno, como siempre, en un conflicto estéril, consigo mismo, en un escondrijo de partes propias que son negadas. Porque existe lo que se llama la “vergüenza étnica”, esa vergüenza de lo que no es europeo en nosotros; y aun cuando hay afirmación de lo no europeo en nosotros, hay una especie de hostilidad hacia lo europeo.

Todo eso indica que hay una cultura nueva, pero que se está formando; y donde yo he visto eso es en la cultura de los pueblos pequeños, en los campos. Por ejemplo, el Tamunangue me ha impresionado muchísimo a mí, cómo ahí se ha producido esa síntesis, esa cosa de la cual yo hablo; y también en otras formas de creatividad popular, y para mi gran deslumbramiento, esta enorme abundancia de, eh, que se presenta en la Bienal, de esta Bienal. ¿Hasta cuándo va a durar eso? Hasta octubre. Pero fíjese, hay que aprovecharlo, ir viendo eso; no tanto en palabrear a ver quién le van a dar el premio sino en sentir todas esas cosas como algo que no es francés, ni español, ni americano, ni negro, ni indio, es nosotros, asomándose a esa cosa integral que yo digo. ¿Ah? Obsérvenlo bien y si alguien quiere decirme algo me lo dice a mí, que estoy en eso, pensando en esas cosas.

En realidad, lo que me tocaba a mí es presentar los dos últimos libros, los dos últimos no, porque yo sigo escribiendo; sino, en realidad, los más recientes libros. Yo voy a hacer una confesión aquí, cómo se hace pues, sin, de mal gusto, pero. Yo estando pequeño, una vez entrando a la cocina de mi casa, y vi que habían matado una gallina, ponedora, y ya la iban a desplumar y todo, la estaban limpiando, entonces yo vi que tenía un huevo, ya como para ponerlo, con cáscara y todo; y detrás de ese huevo estaba otro, completico, pero sin cáscara aún, blanco, y más abajo había un huevo más chiquito, y otro detrás, y otro y otro. Entonces, a medida que han pasado los años, yo considero que yo soy una gallina; porque yo, bueno, me da pena decir eso, pero, porque, fíjense bien lo que estoy diciendo, entiéndalo.

Yo tengo dentro de mí una serie de ideas, que se van configurando como para escribir un libro; yo desde pequeño he sido hombre de letras, siempre lo mío es la palabra, entonces yo tengo como proyectos, gérmenes de libros, poemas. Entonces, yo logro escribir algo, lo voy configurando, eso sería el huevo con cáscara que tiene la gallina y que no ha puesto todavía; entonces, mientras esa gallina no ponga ese huevo, o sea que salga a la publicidad, que sea publicado, entonces yo no puedo escribir otro libro. Por ejemplo, yo tengo un problema ahorita, que es mientras que no salga un libro, que es la cáscara, o sea, que yo lo ponga, que salga publicado, entonces no vendría el otro; entonces, me enfermo por dentro.

Pero es que no puedo en absoluto, miren, yo tengo ya 5 meses, más, medio año, con una impaciencia de escribir, que es un tema nuevo que yo estoy tratando, que es el tema de lo diabólico y del diablo, que forman parte de nuestra condición; de dónde vienen todas esas cosas, esas ideas del diablo, Mandiga, el Maligno. ¿Qué es eso, en qué consiste, qué hay de verdad en eso? ¿Cuáles son las creencias y por qué? Esa, esa, eso, no puedo escribir ni una letra sobre eso mientras no vea eso, como el libro salió hoy, ayer salió, entonces esta noche comienzo ya a escribir; entonces, el otro huevo que no tiene todavía cáscara, se va formando la cáscara y cuando termine ya será un huevo que yo pueda poner. Ahora para poner tengo otro problema, de dónde saco la plata para poner; porque mientras yo no me vuelva best-seller no va a haber plata suficiente para pagar a un editor.

Yo tengo un editor maravilloso, uno admirable, pero un estudiante que ya ahora es profesor, está comenzando la carrera, que es José Gregorio Vásquez, es un hombre muy inteligente; los libros que él hace son bellísimos, son obra de él, siempre. Y él, pues, es un editor pobre, de modo que él se endeuda para publicar los libros míos; una vez lo vi yo con unos libros míos bajo del brazo, yo dije, bueno y eso, qué haces con esos libros bajo el brazo; no, que voy a conseguir el almuerzo. Mire, yo tengo aquí unos libros del Doctor Briceño, muy buenos, les hace propaganda y tal, cuánto vale, no, vale tanto, 50 o 60 Bolívares, ahora, pero en esa época que él comenzó sería como 15 Bolívares, que no era bastante, pero alcanzaba. Ahora, para comer, él tiene que vender como 2 o tres libros, por Dios, cómo se hace pues. Ahora es peor la cosa, tiene que salir con montones de libros para comprar el almuerzo.

Entonces, fíjense, eso sería cómo va a salir el libro. Entonces uno a veces consigue que la Universidad, yo, pocas veces la Universidad me ha publicado a mí, dos veces; cosa curiosa, ¿no?, porque para publicar en la Universidad hay que tener contactos allí. El director de Cultura de la ULA que tiene poder para eso, es un hombre intratable y enemigo del arte popular, por ejemplo; él dijo que era basura, es un gran estúpido, cómo puede decir eso, no entiende nada y es director de Cultura. Entonces, cómo voy yo a decirle a esa bestia que se atreva a publicarme un libro, de seguro me dice que no; es capaz, y le dice a un bedel que me saque de allá. Hay un Vicerrector ahorita que se llama Aranguren, Manuel se llama, entonces me dijo “sí, Doctor, yo lo estimo muchísimo, Usted es excelente, yo mismo llevo ese libro para la imprenta”; y, sí lo hizo. Y fue y escribió, y tal, por fin lo sacó, no tanto como él quería, pero igual tardó seis meses, que es ese que dice allí 3x1=4.

Pero, ¿cuál es el que está allí? Uno que me veo yo, ajá, pero miren, una cosa que les voy a contar, cuando yo estuve en Francia, por un libro que saqué por el cual me dieron un premio; entonces, el premio consistía en que yo pudiera estar seis meses, en un lugar muy incómodo, sin que yo tuviera que trabajar, me daban la comida y me mantenían allí, con libertad entonces para escribir, que yo tuviera la ocasión de escribir, sin trabajar. Entonces, pero me dijeron que escribiera sobre París; entonces yo dije que, inventé, no es completamente cierto, es inventado, todo escritor inventa, no crea que es así. Entonces yo inventé que yo para conocer a París, cerraba los ojos y me tapaba los oídos, con la finalidad de conocer a París solamente con los olores.

Entonces, yo escribía los olores con que me iba encontrando, los olores del metro, los olores de los jardines, los olores de las reuniones sociales, de las iglesias; yo iba recorriendo París, que alguien me guiaba porque iba con los ojos cerrados, entonces les gustó muchísimo eso, un escritor de otro país que le pareció interesante que para conocer a París un escritor se tapara los oídos. Entonces buscaron un fotógrafo famoso y le dijeron que me retratara; entonces, me retrató a mí con los ojos cerrados y los oídos tapados con la mano, y salió en una revista de arte francesa y después salió en Colombia. Y eso lo vio el editor mío, y le pareció bien y averiguó la dirección del fotógrafo; le escribió y le pidió permiso para ponerlo aquí, y le dijo que sí, que con mucho gusto. Que, si quería más que le mandaba más fotografías, de modo que no le costó nada, no le cobró nada el fotógrafo en mandarle esa foto.

Y la gente que la ve, algunos dicen “cónchale Profesor, usted no es tan feo así”. Alguna gente me dice “cónchale Profesor, pero hubiese puesto una fotografía más decente”; la gente me dice “Doctor, pero una fotografía más decente”. Entonces, esa foto es la portada de un libro que se llama 3x1=4; es un género, puede llamarse género, lo que yo escribo es mezcla de todo género, no distingo de un género a otro, estoy como creando un género nuevo que incluye a todos los géneros, no excluye nada. Tal como yo espero que sea el arte latinoamericano, eso, entonces, eh, 3x1=4 es un libro de…, eso se llama retratos; yo retrato, allí, a tres personas muy importantes en mi vida y en la vida de la nación, también. Eh, pero yo este, cómo digo esto, eh… yo invento un personaje que hace esos retratos, ¿ve? Ese personaje, pues, mucho es autobiográfico, porque soy yo mismo el que inventó el personaje; muchos incidentes los he tenido yo, otros son inventados, pero es un personaje que se llama Kabir.  Él es el que cuenta los tres retratos, pero mientras él está contando los tres retratos se retrata él mismo -involuntariamente; entonces, tres retratos hechos por uno, por un solo autor son cuatro. Son los tres que él ha hecho, más él mismo que uno ve, que uno ve qué tipo de persona es esa que está contando y que no se parece a ninguno de los tres que ha retratado; por eso se llama 3x1=4.

Un muchachito me dijo a mí “mire Profesor, eso está equivocado ahí; tres por uno es tres, me dijo, tres por dos son seis, tres por tres son nueve, tres por cuatro son doce, yo conozco la tabla de multiplicar, Usted está equivocado”. Sí es verdad, pero cómo hace uno para explicarle la cosa esa de que el autor de esos tres se convertía en otro retrato, en una especie de autorretrato involuntario; es decir, los tres personajes han sido importantes en mi vida, mi mejor amigo es -por esencia- un caroreño llamado Luis Fernando Yépez, que todo mundo le decía Nano, y yo también. Entonces, el primer retrato se llama Nano, y tiene mucho se Carora y ese mundo larense; el otro personaje es un Doctor, un gran filólogo austríaco que vino a Venezuela con motivo de las guerras, de los Nazis, tuvo que huir de los Nazis, entonces tuvo que dar clases en Bachillerato, en Barquisimeto, y nos impactó mucho a todos.

Y a mí me impactó mucho, yo sé alemán porque él me enseñó, y de alguna manera aprendí a aprender, porque hay que aprender a aprender en todo; y me inició también otros idiomas y de las relaciones que tienen unos idiomas con otros, y cosas así, y yo le estoy muy agradecido. Además, es un hombre excepcional, un hombre muy crítico ese hombre; y a nosotros nos gustaba que fuera crítico, y decía cosas asombrosas. Por ejemplo, él decía que por qué motivo hay que ponerse, en la camisa, ponerse el cuello; o sea, que son dos telas, una encima de otra. Pero al mismo tiempo, dentro de esa tela hay una o dos, y después ponerse una corbata, que tiene tres o cuatro telas; decía que por qué, que por qué esa necesidad de ponerse seis, ocho telas y una corbata en el cuello si aquí no hace frío… era por eso, por ejemplo en Barquisimeto, se y nos mandaba a hacer camisas sin cuello y se mandaba a hacer sacos sin cuello también, y nosotros le decíamos muchas gracias, además que lo admirábamos mucho porque él como profesor era una cosa increíble.

Yo me acuerdo cuando él fue a clases de francés, yo ya sabía francés, pero iba cuando tenía tiempo porque coincidía con otras clases; y entonces él, escribía en el pizarrón, lo llenaba con un texto francés y los estudiantes no sabían nada, entonces les leía el texto, les explicaba el significado y los ponía uno por uno a que leyeran el texto y lo explicaran, después que los copiaran y se llevaban para la casa los cuadernos. Eran treinta o treinta y cinco muchachos y los corregía uno por uno, pero qué filosofía, les ponía indicaciones, comentarios, eso es admirable eso, era de los buenos; miren, la gente que no aprende matemática, que no aprende idiomas es por eso, por los malos profesores. La matemática es una cosa fascinante, una maravilla eso, mucho más interesante que la pornografía, perdonen Ustedes (risas en la audiencia); disculpen Ustedes que les diga eso, pero es fascinante la matemática, la gente le tiene miedo. Estudiantes de Humanidades en Mérida, me comentan, uno les pregunta por qué estudia Humanidades y responden no Profesor, lo que pasa es que las demás carreras tienen mucha matemática, Ingeniería tiene mucha matemática, y lo que dicen es algo absurdo, completamente.

Eh…, ¿Ustedes no están cansados?, ¿les puedo contar un cuento? Ustedes saben que yo tuve, yo tengo una hija, que yo le decía pequeña -influido yo por el filósofo Pitágoras- que el ser humano camina espiritualmente en dos patas, y una pata es la matemática y la otra pata es la música; de modo que alguien que sabe matemáticas, pero no sabe música es cojo, y si sabe música, pero no sabe matemáticas es cojo; y si no sabe ni música ni matemáticas, entonces es paralítico. Entonces yo le decía a ella que estudió matemáticas, estudió chelo; y entonces después fue a hacer un postgrado, en Francia, y como suele pasarle a la gente, se enamoró de un francés y se casó; no se divorciaron, qué raro (risas en la audiencia), tiene tres hijos ya grandes, se llama Cristina, ella es mi hija. Entonces, como ella tenía esa tradición mía, inventó, la pusieron de Profesor en el Bachillerato, para que Ustedes vean cómo es la cosa de fea, entonces ella inventó una manera de enseñar matemáticas que más bien le gustara a los estudiantes y lo logró; y cuando ella viene por ahí de vacaciones, yo la pongo a que le dé clases a los estudiantes míos, que huelan la matemática y cambian de actitud; entonces el Gobierno francés le quitó, que no diera más clases de matemáticas en el Bachillerato sino que le diera clases a los Profesores de Matemáticas que cómo se hace para que la matemática pueda llegarle a la gente y la gente aprenda.

Ahora bien, en la música sí nosotros muy somos fuertes, en eso, en Venezuela. Fíjense bien que el cuatro, que es un instrumento que tiene las características de toda la música; tiene ritmo, tiene melodía y tiene armonía; porque sirve para acompañar otros instrumentos y puede acompañar a los cantantes, por ejemplo. Sí, hay otros instrumentos más pequeños, porque tradición musical hay en todas partes. Fíjense que es muy célebre, en el mundo entero, Alirio Díaz, pero él estuvo y estudió en Trujillo; lo mandó aquí un tío, lo mandó a estudiar con Laudelino Mejías que era un maestro insigne ese hombre ¿no? Y todavía es recordado, no sé si habrá otros Laudelino y bien puede haberlo… pero todas esas cosas indican que por el lado de la música somos más fuertes que por el lado de la matemática, pero eso puede cambiar. Claro, quizás muy exagerado decir eso de Pitágoras, eso de las dos patas, porque sí suena exagerado eso de las dos patas; pero él decía que las matemáticas son la estructura de todas las ciencias y la música es la estructura de todas las artes; y por más que sea una simplificación, tiene sentido, tiene sentido.

     Bueno, el otro, el otro libro Dios es mi laberinto, ah miren, pero tengo que señalar al Señor Dalmau en el anterior… ¿Ninguno de Ustedes ha oído hablar de ese hombre? Claro, porque son muy jóvenes, y eso que fue muy famoso en toda Venezuela, era famoso, yo no sé cómo llamar eso, este, puede ser como mago, como brujo, como sabio; lo cierto es que la gente hablaba con él y les curaba enfermedades, les resolvía problemas personales, y pues yo lo que veía es que él era muy bondadoso, que quizás la bondad es una buena medicina y la bondad en sí, era bondadoso y atendía con mucho cariño. Y él hacía horóscopos y cosas así, y yo pues estuve muy cerca de él muchos años hasta su muerte; y yo pues miraba que la gente iba y pues él les hacía los favores, yo no sé si él adivinaba, si conocía remedios también en verdad, pues en realidad era una cosa muy curiosa… y los médicos lo cuidaban a él, porque cuando había campañas contra los que ejercían la medicina sin título entonces venían los médicos y respaldaban todo lo que él decía, porque además él curaba a los médicos también él, era muy famoso… Y era rosacruz y masón, yo explico eso ahí también, qué curioso eso de los caminos del esoterismo y la cábala, conocía mucho de esas cosas.

Y ahora, lo que me perjudicó a mí de esa relación, es que como sabían que yo era discípulo de él entonces algunas personas me etiquetan de brujo; yo no sé, me consultan, la gente me consulta a mí, sin que yo le diga nada porque yo era el mejor alumno de él. Yo no sé qué pasa… (a Alberto Villegas le pregunta si hay tiempo para seguir hablando. Sigue la intervención).

¿Ustedes no están cansados? Yo tenía ocho o nueve años y llegó a mi casa una señora, una vecina que era comadre de mi mamá, porque mi mamá era madrina de uno de los hijos de ella; preguntó, “¿dónde está doña Aurora?”, yo le dije: no, pues mi mamá, salió. Yo estaba sentado en una sillita chiquita con una mesa chiquita, haciendo las tareas, y me dice la señora: “mire José Manuelito, es que yo tengo un problema muy grande -me dijo- (qué voy yo a entender eso, yo era un niño, pensé), yo fui anoche a la casa de una vecina que tenía una reunión, tenía un baile, y estaba un hombre allí; el hombre había venido de Caracas, y ese hombre me pareció tan buen mozo, tan atractivo, es que ese hombre me hace así (señala con el dedo índice llamando) y yo me voy corriendo detrás de él. El problema es que yo soy casada, yo amo a mi marido; yo tengo tres hijos, amo a mis hijos. Mi hogar es importantísimo para mí y, sin embargo, ese hombre me dice que me vaya con él y me voy con él y dejo todo aquí”.

Yo no entendía nada de eso, era un niño; y sigue la señora diciéndome, “es que es algo muy grande, es algo muy profundo, yo siento eso aquí -y se emocionaba diciendo eso-. Si él me llama (haciendo señas con el dedo índice como llamando), yo me voy detrás de él”; y yo, pues sin entender de eso, yo no tenía idea de lo que era eso, yo era muy chiquito. Y, en eso, llega mi mamá; dice la señora “Ay, comadre, cómo está Usted, y tal… yo tenía un gran problema comadre, pero hablé con José Manuelito y se me quitó” (risas). ¿Cómo voy yo a quitarle un tipo de problemas así?, yo estaba muy chiquito, yo lo que estaba era impaciente para que se fuera y yo poder seguir haciendo la tarea; pero a mí me ha pasado eso varias veces, y aun así viejo como soy me ha pasado varias veces. De repente, me encuentro a una persona y ella habla -yo no digo nada-, y de repente dice: “gracias Profesor, ahora sí veo claro lo que me pasa”, y yo no dije nada.

Yo lo que he pensado, yo lo que he pensado, es que así como hay sex appeal, que yo no tengo, debe haber un appeal, un appeal de, de ese tipo de consultar las cosas; sí tengo una experiencia, y ustedes pueden ser testigos si quieren: yo me siento en cualquier plaza pública, en un banco, y ustedes pasan viendo y caminando para arriba y para abajo, y no pasan cinco minutos sin que se siente alguien al lado de mí; me saluda, primero, y después empieza a contarme su vida, sus problemas, y yo callado; me sigue contando sus problemas y después me dan las gracias, se levantan y se van. Podríamos hacer ese experimento en una plaza aquí. Entonces, lo que yo digo es que así como hay un sex appeal, debe haber un no sé cómo se llamará eso, un noséappeal, un oidorappeal, un atractivo para los cuentos.

Ahora bueno, Dios es mi laberinto, es porque yo me he puesto a pensar que el mundo que nosotros conocemos, es el mundo intelectual, yo no lo hubiera explicado; pues el mundo es un universo con leyes, la física y la química, la astrofísica, estudian eso y las demás interacciones. Después, el agua en un planeta, las células vivas, el crecimiento donde se van formando unos vegetales y después unos animalitos, después se vuelven anfibios y la teoría de la evolución; bueno, eso es más o menos el conocimiento que uno tiene. Pero, al lado de eso, uno escucha, le echan a uno el cuento de Adán y Eva, que algún sentido metafórico debe tener con eso, algún sentido literal. Y luego vienen seres que tienen doble cosa, igual que pasa con la heterogeneidad cultural, hay una heterogeneidad biológica por decirlo así, que uno tiene; entonces viene la gente y dice: “bueno, yo no creo, pero de que vuelan, vuelan”, dice la gente. Y después dicen “que no creen y que sí creen, y que sí creen en la astrología, y en el signo de Piscis, y hágame el horóscopo, y eso de leer las manos, lo de las líneas de las manos”; uno sabe que son supersticiones, yo no creo en eso, pero entonces llegan y dicen “que le lean las manos y las cartas del Tarot y eso”.

Entonces yo digo qué es lo que hay en el fondo de todo eso, qué es lo que pasa con Dios; yo encontré que es un laberinto todo eso, pero me gustó estudiar todas esas diferencias y oportunidades. Entonces yo pongo “Dios es mi laberinto”, porque es mi laberinto; pero en el libro, aparece una salida inesperada de ese laberinto. No digo más para que Ustedes compren y lean el libro… Bueno, perdonen Ustedes por haber hablado tanto (risas y aplausos).


2.     Intervenciones de la audiencia.

Alberto Villegas: “Gracias José Manuel, gracias, mil gracias”.

Jonuel Brigue: “Si me preguntan un problema íntimo, yo veré qué puedo hacer. Pero yo creo que les da miedo preguntar”.

Participante 1: “Bueno, yo no voy a preguntar, yo voy a balbucear; yo no sé si se le puede llamar a eso un chisme, porque cuando alguien no está presente y uno habla de esa persona pues es un chisme. Son cosas que no son tan elogiosas, claro, yo no voy a decir el nombre porque mi hija y yo tenemos una norma; además que no es de discretos decir el nombre en esas circunstancias, no se debe decir el nombre cuando no se elogia…”

Jonuel Brigue: “Se dice el pecado mas no el pecador”.

Participante 1 (continuación): “Ajá, así decimos. Entonces Usted me hizo recordar una mala y una buena; así, le digo primero la mala y luego la buena. La mala es que uno aprende cosas en los libros, o a veces no aprende ¿no?, cosa que no es ni mala ni buena; pero de esas cosas que aprende, lo malo es que son cosas que lo inflan a uno tan feo que uno ya no se parece a sí mismo sino que puede tratar de parecerse a un francés, a un inglés, a un estadounidense. Entonces resulta que se convierte en un monstruo, y eso pasa en el mundo intelectual; eso pasa aquí, en Latinoamérica, en la gente del pueblo, y así la gente ya no se parece a ellos ni a sí mismo; entonces, esa gente ya ni siquiera a esa gente que se quiere parecer, porque en el fondo hay algo que es falso, entonces la fisonomía se le pone fea por eso, porque no se siente como aquello a lo que se quiere parecer. Entonces pasa con alguien, que se me parece mucho a ese personaje, que Usted dice, que yo no estoy muy segura de quién sea, pero es un profesor de Filosofía donde mi hija fue a hacer un Doctorado pero no siguió, porque mi hija acaba de hacer un postgrado y estuvo en China, y le dieron clases profesores chinos, profesores ingleses, con clases en inglés; porque ellos no sabían español y le hablaban de muchas cosas que tienen que ver con filosofía, y les hablaban de muchas cosas que tenían muchísimo que ver, como casi todo tiene que ver con ese todo. Y resulta ser que ese Profesor, que era un poco monstruo como ella le decía mi hija, hablaba muy raro, hablaba como si nosotros fuéramos inferiores a él (ah, ése es un intelectual clásico le dije yo); entonces para aliviarle el dolor, le dije que tenía que ir para las clases, entonces mi hija me dice “mamá, ya no voy a poder seguir, porque me dice el profesor que los chinos no tienen filosofía, que en Oriente no hay filosofía, y yo no puedo entender eso”; entonces, le decía a mi hija cómo va a decir eso, entonces la exclusión, el afán de Occidente opacándolo todo, dañándolo todo”.

Jonuel Brigue: “Bueno, sobre ese tema yo sí tengo algo, tengo un tratado que se llama ¿Qué es la filosofía?, donde yo explico eso, yo creo que se puede conseguir; ese libro lo están editando en Duaca, cosa curiosa además, se pudiera conseguir. Pero eso que Usted está diciendo, me parece muy interesante, de que una persona se identifique con algo y se ponga raro; en Carora había un hombre que debe ser loco, o que es loco como todos los caroreños, salía ese hombre en guayuco, con arco y con flecha, y con plumas en la cabeza y decía que era indio. Entonces, la gente decidió llamarlo indio-a-juro; indio-a-juro, es decir, forzado. Entonces yo me pongo a ver que hay franceses-a-juro, un americano-a-juro; Briceño, cómo se llamaba ese hombre, Briceño-Iragorry que inventó la palabra pitiyanqui, decía que eso era un americano-a-juro, que se le pasa viajando a Miami y otras cosas americanas. Entonces indio-a-juro, chino-a-juro, entonces fíjense que se identifica, entonces nos toca descubrir lo que nosotros mismos somos; ver lo que somos de pitiyanquis, lo que somos de indio-a-juro, lo de ruso-a-juro, lo de chino-a-juro, lo de negro-a-juro que puede haberlo también, lo de francés-a-juro. Yo he conocido gente así, no lo puedo negar; y yo mismo me he descubierto que yo no me puedo volver alemán-a-juro porque estudié en Austria, o griego-a-juro porque estudié filosofía, o sea que uno tiene que tener cuidado con volverse algo así, algo-a-juro, en vez de descubrirse a sí mismo. Y yo creo que esa tarea está en el Arte Popular, algo de lo que Usted está diciendo, y lo creo con firmeza; yo debería escribir sobre eso, el Arte Popular está siendo el canal donde uno se manifiesta de alguna manera. También el arte en general, la poesía; cómo es posible, ese hombre que se llama Julio Borromé, que hizo un poema que se llama, que yo lo leí una sola vez y me lo aprendí de memoria y si quieren se los digo. El poema se llama Amor, y dice: “¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Ay de mí! ¡Ay de ti! ¡Ay de ti! ¡Ay de ti!”, no dice más nada. Eso hacía alusión a todas las relaciones amorosas que tuvo y que fueron un desastre. Cuando tengan un desastre avísenme a ver si les puedo hacer una consulta, pero mientras dura todo eso es interesante.

Participante 1 (continuación): “Ahora le voy a decir lo bueno, lo bueno es su tono de voz -para mi- que me acarició tanto el alma; y me pareció que sin mucho esfuerzo, Usted se parecía a sí mismo. Y lo otro que es eso, que Usted está impresionado con la bondad, la bondad como forma de admiración; y más nada, eso.

Jonuel Brigue: “Nada mejor que uno tenga un problema y uno tenga un amigo o a alguien, que uno sepa que lo va a entender a comprender, que no se va a poner a negociar con el dolor de uno; es posible hacer como yo, también a los ocho años, allí calladito escuchando y esperando que la otra persona se vaya para poder seguir trabajando. O así como la otra estudiante, que no dije nada yo y me dijo: “Gracias, Doctor Briceño, Usted sí me ha dado la cura correcta”.  

Alberto Villegas: “He bueno, mientras viene otra intervención, los precios de los libros están en Bs. 70 cada uno”.

Jonuel Brigue: “Bueno, eso es importante, porque yo se los puedo firmar o autografiar, y además debo recoger el dinero para darle la platica al Editor, para que compre el almuerzo. No, pero sí; este es, es el público de aquí de Trujillo que son muy callados, ¿será que me están curando a mí? Además, conocí a dos periodistas hoy -del Diario de Los Andes-; una me hizo preguntas correctas, y la otra que me metió miedo, con unas fotografías que estaba sacando allí porque la fotógrafa tenía unos piercings asombrosos. Claro, Ustedes pueden tomar fotos, me las pueden sacar y me dicen cómo se llaman para recordarlas. Venga, ¿Usted quiere que yo le firme el libro?”.

(Fin del vídeo y de la transcripción).


3.     Los días previos…

            Para el año 2010, comencé a comunicarme con el Maestro, vía correo electrónico; antes, le había conocido a través de sus libros. Su cara era roja, blanca, negra, amarilla, la portada del libro “Europa y América en el pensar mantuano”, de la Editorial Monte Ávila; Alberto Villegas me había facilitado otros y, por supuesto, el correo electrónico del Profesor Briceño Guerrero. Tenía miedo de escribirle, parecía una mirada terrible la de su foto en la solapa de los libros bajo el sello Editorial La Castalia; allí, su cara era roja y blanca, con hermosas fotografías de portada. Le hice una proposición académica relacionada con mi tesis doctoral, después de unos días aceptó la invitación de venir a Trujillo; así pues, entre el 16 de junio de 2011, cuando lo busqué en Carora, hasta el 26 de septiembre de 2013, el Maestro realizó con gran gusto no menos de 15 visitas a Trujillo.

            Para esta ocasión de la Bienal se había conversado con él y la Dra. Carmen Araujo le había invitado, verbalmente, para que asistiera como Jurado; aceptó, pero con la condición que fuéramos Alberto y yo a buscarle. Así se hizo. El 08 de mayo llegué a Mérida, con ocasión de entrar a su Seminario en Los Caciques; compartimos unas cosas y otras esos días, pero el Maestro estaba muy inquieto, esperando que saliera de la imprenta su libro “Dios es mi Laberinto”. Hablaba mucho por teléfono con José Gregorio, le increpaba, le exigía sobre el libro; el día jueves 09 de mayo, el profesor debía estar ya en Trujillo, para incorporarse como miembro del Jurado. No pudo. Tenía que ver el libro hecho ya, en sus manos; así que postergó el viaje unas horas más, hasta la madrugada del viernes 10, cuando salimos a Trujillo. Estaba más que feliz, llevó varios ejemplares de sus libros y no hacía más que conversar sobre lo hermoso que había quedado, aunque insatisfecho con el color y brillo, quería que fuera más intenso; pero, José Gregorio le explicó que la imprenta hizo lo que pudo. Aceptó, a regañadientes y rezongando.

            Cuando llegamos a Trujillo, ya el jurado de la Bienal había sido conformado. No lo admitieron. No se lo dije tampoco. Le dije que recorriéramos los pisos de la exposición y se mostró muy complacido por la gran cantidad de cuadros y obras; estaba extasiado, maravillado. Por la noche, se instaló la Bienal; el Profesor asistió, vestía una chaqueta con signos chinos. Fue la envidia de la noche. Todos le miraban. Cumplió con el protocolo, al salir me dijo que tenía hambre; fuimos a comer, se comió un perro caliente especial grande con refresco. Nos quedamos merodeando las calles de Trujillo, la plaza Bolívar de noche iluminada, la Catedral; le gustaron los juegos de luces en el frente, el silencio del pueblo. “Me gusta mucho Trujillo”, decía. Al otro día, dictaría su conferencia; yo tuve el honor de presentarle sus libros, digamos que los vi nacer en esos años, no dormí casi escribiendo lo que diría para la presentación de los mismos.

El video completo dura una hora con treinta y cinco minutos. Traté de cumplir con la mayor exactitud sus palabras, el sentido de la transcripción de la intervención oral es riesgoso; como siempre, uno queda impresionado con la facilidad discursiva, enigmática y atrayente, del Maestro.



BIBLIOGRAFÍA

Briceño Guerrero, José Manuel. (1967). ¿Qué es la filosofía? Editorial La Castalia. Mérida-Venezuela. Segunda Edición (2007).

Briceño Guerrero, José Manuel. (1981). Europa y América en el pensar mantuano. Monte Ávila Editores. Caracas-Venezuela.

Briceño Guerrero, José Manuel. (2013). 3x1=4. Retratos. Ediciones del Vicerrectorado Administrativo. Universidad de Los Andes. Mérida-Venezuela.

Briceño Guerrero, José Manuel. (2013). Dios es mi laberinto. Editorial La Castalia. Mérida-Venezuela.


[1] Exalumno y Amigo del Dr. Briceño Guerrero. Licenciado en Educación, mención Filosofía (UCAB). Especialista en Planificación Educacional (UVM). Baccalaureus Philosophiae (Universidad Pontificia Salesiana de Roma). Doctor en Educación (ULA).


Imagen del post: Av Bolívar de Trujillo. Al fondo la catedral con su única torre.

 
 
 

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